Pídeme Lo Que Quieras Y Yo Te Lo Daré… Atentamente Dios

390

Pídeme lo que quieras y yo te lo daré. Es una expresión que bien pudiese ser impresionante si tiene como autor al todopoderoso. Por lo general, no estamos acostumbrados a que se nos trate con tan abierta generosidad, y siendo sinceros; la vida no funciona de esa manera, hemos pedido a Dios tantas cosas que no han sido concedidas…

¿Cuántas han sido las peticiones que han quedado sin respuesta? Es un número difícil de calcular; o que nos hace notar, que quizás. En lo que respecta a peticiones a Dios, puede que estemos haciendo algo mal.

 Sin embargo, vemos que el Dios de la Biblia esta tan interesado en nosotros. Que podemos encontrar en su palabra varios pasajes en los que pareciese expresar precisamente este nivel de benevolencia para con quienes le adoran.

Pídeme lo que quieras y yo te lo daré. Siendo que todos quisiéramos oír estas palabras de parte de Dios. A continuación estudiaremos algunos  textos bíblicos que se relacionan con esta afirmación tan radicalmente complaciente y que todos quisiéramos escuchar, especialmente del todopoderoso.

Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:6-11

Dios como buen padre ama a sus hijos y está interesado en darles lo mejor, el pasaje anterior lo aclara con dos ejemplos dados por el propio Jesucristo alentándonos y motivándonos a pedir porque “todo aquel que pide recibe”, ahora bien, hay una condición implícita en el público al que Jesús se dirige en esta ocasión y que no es bueno pasar por alto, son hijos de Dios.

Esta es la primera condicionante para que nuestras peticiones sean escuchadas, ser hijos de Dios, tener a Jehová Dios como nuestro padre celestial, para ello el principal requisito es haber aceptado a Jesús como salvador y Señor de nuestras vidas tal cual lo expresa Juan 1:12.

Además de esta condición la Biblia también muestra otras condiciones que ayudan a que nuestras peticiones sean escuchadas algunas de ellas son:

Hacer la voluntad de Dios.

Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Juan 9:31

Dios no escuchara nuestras peticiones si vivimos constantemente fuera de su voluntad, las palabras del versículo anterior fueron dichas por un ciego de nacimiento luego de ser sanado por Jesús, cuando era interrogado por escribas y fariseos acerca de cómo había sido sanado.

El sencillamente expresa lo que para él eran las credenciales que seguro tenía Jesús, para ser escuchado por Dios padre y en virtud de ello otorgarle la sanidad, el hombre debía de ser temeroso de Dios y debía de hacer su voluntad, para ser escuchado, cosa que Jesús mismo afirma en otras ocasiones, como por ejemplo Juan 8:29 donde dice:

Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.

Una buena garantía de que seremos escuchados en nuestras peticiones a Dios, es estar seguros de que procedemos según su voluntad.

Permanecer en la palabra de Dios.

La Biblia dice: si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Juan 15:7

Es un nuevo pídeme lo que quieras que yo te lo daré… Dios está interesado en conceder todas nuestras peticiones en la misma medida en la que nosotros nos apegamos a vivir según él nos ha ordenado, claro está, cada persona tiene sus propios retos para obedecer a Dios en el entorno en el que vive, y debe enfrentar dichos retos con dignidad.

Quizás tú digas: Dios no le pedirá a todos sus hijos que mueran en una cruz para salvar a la humanidad, y es verdad, no hace falta más sacrificio (literal) que el que ha sido hecho por Jesús, pero Dios si le pedirá a cada uno de sus hijos hoy día, que se niegue a sus propios intereses, y que tome su propia cuota de responsabilidad.

Cada persona debe tomar su propia cruz como dice Lucas 9:23, y esto implica que hay un esfuerzo estrictamente personal, respecto a cosas que cada uno de nosotros debe hacer para hacer su voluntad y permanecer en la palabra de Dios.

Dios quiere darnos todo lo que pedimos, tal como un buen padre desea dar buenas cosas a sus hijos, pero nuestras actitudes pueden limitar en gran manera su benevolencia, Dios para con nosotros es un padre no un genio de la lámpara mágica… debemos tener esto en cuenta cuando elevamos nuestras peticiones a Él.

Recibir lo que pedimos debe producir gozo.

Dice la Biblia: Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Juan 16:24.

En este pasaje del evangelio de Juan Jesús nos alienta a pedir en su nombre al padre, para recibir buenas cosas que nos alegren y completen nuestro gozo, esto implica que debemos pedir cosas que realmente nos satisfagan y no solamente peticiones abnegadas.

Dios quiere que seamos felices con aquellas cosas que nos da, por eso es de vital importancia que nos preguntemos, si lo que le estamos pidiendo a Dios realmente nos traerá satisfacción, o es algo que al obtenerlo se volverá poco relevante. Dios desea que seamos agradecidos siempre por las cosas que recibimos (Colosenses 3:15).

¿Por qué no recibimos lo que pedimos?

Ya habiendo mencionado las condicionantes principales para que nuestras peticiones sean escuchadas por Dios quiero comentar lo que considero es la razón bíblica principal por la cual muchas de nuestras peticiones no son escuchadas.

Dice la Biblia: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Santiago 4:3

El egoísmo en nuestras peticiones es el problema, muchas veces anteponemos los intereses propios a los ajenos sin importar las consecuencias de dicho comportamiento, cuando actuamos así podemos empañar nuestra imagen como hijos de Dios, y esa es la genuina razón por la cual muchas veces no recibimos las cosas que pedimos al todopoderoso.

Dios tiene en su corazón el bienestar colectivo, pero nosotros, lamentablemente como seres humanos, en muchas ocasiones olvidamos que la felicidad solo es verdadera cuando puede ser compartida.

Renegamos de nuestras circunstancias y de nuestra suerte si en lo individual no nos sentimos felices, y es entonces cuando responsabilizamos a Dios de todo lo malo que nos pasa, por no atender a nuestras peticiones, sin darnos cuenta que estas pueden estar en abierto conflicto con el bienestar de quienes nos rodean.

El Ejemplo de Jesús al orar.

…Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Mateo 24:42

Estas fueron las palabras de Jesús justo antes de iniciar el camino al calvario, eran los instantes en los cuales entraba en un punto de no retorno ante un inminente futuro de sufrimiento y agonía en la cruz.

Quizás Jesús si había escuchado esa frase de parte del padre pídeme lo que quieras y yo te lo daré pero ante una situación crítica antepuso los intereses del padre ante los propios y su petición fue “hágase tu voluntad”.

Es esa la confianza que debemos imitar en cada petición que hagamos. De seguro sería  un giro radical el que darían nuestras vidas si aprendiésemos a anteponer la voluntad de Dios antes que nuestros propios intereses. Ya que si nuestra meta se convierte en hacer la voluntad de Dios podremos escuchar en el infinito un murmullo de esa frase pídeme lo que quieras y yo te lo daré.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here