Parábola de los Ciegos: ser un guía correcto

La Parábola de los Ciegos es una enseñanza que Jesús dio para develar la importancia de caminar en integridad, y de esa forma poder dirigir a otros, de la manera correcta.

Jesús la relató criticando el comportamiento de sus detractores fariseos, escribas y sacerdotes principales, quienes fungían como los guías de esa época, y debían cambiar sus métodos de enseñanza y sobre todo su comportamiento de vida.

La parábola dice así:

“Y les decía un parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas 6: 39-42)

Parábola de los Ciegos

Claramente, la parábola no se refiere a ciegos, es una analogía que Jesús hace de como era gobernado el pueblo de Israel por sus dirigentes que estaban llenos de ambición por el poder, la envidia, el resentimiento y de esa forma guiaban a un pueblo débil en conocimiento.

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    Conociendo el significado de la Parábola de los Ciegos

    Jesús como en todas sus parábolas dejó un mensaje para que todas las personas mejoren su vida, y pudiesen ser entes de ayuda y bendición para otros.

    Un guía ciego

    "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?"

    Jesús emplea dos preguntas retóricas para iniciar esta parábola, buscando obtener las respuestas que le darían sentido a su mensaje. La primera supone una respuesta negativa, y la segunda una afirmativa, y de esa forma sostener el punto que desea explicar.

    En ese tiempo la ceguera era una condición física de vulnerabilidad, que se asociaba a un castigo del pecado de los padres o del que lo padecía. Pero Jesús emplean una imagen de ellos poco usual, mostrando a dos invidentes caminan y se ayudan entre sí, ilustrando de esa forma su relato.

    Jesús quería subrayar el hecho que un guía o líder no puede ser ciego, sino ser una persona con una visión bien desarrollada, con sabiduría para tomar las mejores decisiones y enrumbar a la persona que lo sigue. Pues como dice pueden caer a un hoyo, es decir en un error que produciría consecuencias adversas.

    En este relato Jesús hace un llamado a todos los encargados de dirigir a un grupo de personas bien sea en el aspecto político, religioso, educativo o familiar en ser conscientes de su papel como guías, y tener las mejores condiciones para conducir a las personas.

    Aunque Jesús en plata parábola no habla directamente de los fariseos o escribas, en el pasaje de Mateo 15: 14, si lo dirige a ellos específicamente: "Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiar al ciego, ambos caerán en el hoyo"

    El punto de esto es que Jesús alerta tanto a los líderes, como a los seguidores, en tener cuidado al momento de decidir ser guiado por alguien, pues muchos pueden destruir sus vidas, y llevar a sus seguidores por el mismo camino.

    Un discípulo puede ser igual a su maestro

    “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro”

    En esta parábola Jesús emplea el método de usar elementos, actividades y en este caso frases del entorno de la época denotando la sabiduría en su enseñanza, para con el pueblo oyente, revela como un discípulo es el reflejo de su líder o maestro.

    Jesús logrando referir el problema de los malos guías que eran los líderes de esa época, él evoca en seguir su ejemplo y enseñanzas para convertirse en un guía sabio, que produciría la duplicación de su ejemplo en otros.

    Refiriéndolo, claramente, en otros pasajes como en este:

    “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8: 31-32)

    Además de alertarlos por lo que podrían sufrir, al seguir su enseñanza.

    “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre. El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” (Mateo 10: 23-25)

    Jesús estaba demostrando que la esencia de la enseñanza era poder ser un líder influyente, que diera buenos frutos, y que sus seguidores serían el espejo de cada líder, pues siendo buenos esa sería la representación establecida por ellos.

    La Paja en el Ojo Ajeno

    “Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”

    Jesús en su vasta sabiduría en el uso de las figuras literarias, emplea la exageración para poder ilustrar el poder de no juzgar o condenar a alguien.

    Al tomar una paja y una viga está ejemplificado los pecados, que podría tener tanto el líder como el seguidor, puesto que en ambos casos estarían caminando de la manera incorrecta delante de los ojos de Dios.

    Además, de reforzar lo que dijo que un ciego no puede guiar a otro ciego, pues en ningún caso habría buenos resultados de ello. Pues, como una persona con malos hábitos, falta de entendimiento, de poca responsabilidad va a ayudar a alguien que está en su misma condición, es un absurdo.

    Esos líderes de la parábola era la personificación de escribas y fariseos, que tenían ese problema de juzgar a sus semejante, sin verse ellos mismos, quienes eran encargados de guardar la ley y asegurar que otros también lo hicieran.

    Pero, en esa revisión de cumplir la ley surgía el problema, pues los llenaba de altivez y orgullo al sentirse superiores. Condenando a todo el pueblo que en su desconocimiento hacia lo incorrecto delante de Dios.

    Aquí Jesús refleja como el ser humano le es más cómodo ver y criticar los defectos de otros, que mirarse a un espejo y darse cuenta de la misma forma y énfasis de sus fallas. Es más fácil esconder esos defectos, destacar los errores y fallas del otro y verse superior.

    “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados” (Lucas 6:37)

    La indulgencia es una característica empleada por las personas, con respecto a sus fallas y errores. Y el ayudar a otro de manera sabía será la línea de un líder, pero a la vez de corregir los defectos de nuestro prójimo, hay que librarse y ser conscientes de los defectos que acarrea.

    Hay que ser humildes y reconocer las fallas como persona, pues eso ayudará a actuar de una manera más humana hacia el otro, mirando las fallas del compañero no desde fuera sino desde adentro, donde se encuentra esa lucha humana que se conectan tanto el líder como el discípulo.

    Jesús vino a dar vista a los ciegos

    El propósito de esta parábola revela el plan de Jesús: curar la ceguera espiritual del pueblo. Que todos caminaran con libertad, con sus ojos abiertos, ayudándose los unos a los otros, sin juzgarse sino en el amor al otro levantarse de las caídas.

    Al curarse de esa ceguera que estaban ceñidos todos, podrían verse y reconocerse, y podrían guiar de manera segura al pueblo. Y lograr el anhelo de Dios en que obedecieran su Palabra y dejaran las costumbres, que los habían alejado de su presencia.

    El recuperar la vista ameritaba tener un nuevo nacimiento, del que Jesús enseñaba en el aspecto espiritual, y poder ver con los ojos correctos la
    promesa de Dios.

    “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” ( 3: 3,5,6)

    Con esa nueva vista podrían ver la verdad, y con compasión y humildad verían a su semejante. Y de esa manera ayudarles para superar las fallas y debilidades, en vez de oprimirlos o castigarlos y empeorar su estado.

    Esa es la gran misión que tienen todos los seguidores de Jesús, abrir los ojos a través de la Palabra, compartir las buenas nuevas de salvación y producir un cambio en las personas que tendrán una nueva visión, para poder ver las bondades de Dios y sus planes para con ellos.

    La parábola de los ciegos muestra el propósito de Jesús en el cumplimiento de la Palabra profética del libro de Isaías 35: 5 "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos..."

    La llegada de Jesús con este relato vino a revelar que todo sus seguidores debían caminar como Él lo hizo, y alejarse de ser un falso guía que lleva a las personas al hoyo, es decir al infierno.

    Para lograr ser ese fiel discípulo hay que estar cerca del Maestro, y no complacer el pecado, ni acariciarlo ni mucho menos justificarlo. Solo abriendo los ojos a la luz de la Palabra, podrá ser ese guía que bendecirá a las personas que están a su alrededor.

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