Jesús Es El Camino, La Verdad, Y La Vida: Lo Que Significa En La Biblia

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Jesús dijo muchas cosas acerca de quién era él. Dijo que el es hijo de Dios, que él y el Padre son uno, y que el Padre es el que lo envió. Además, anunció que él no vino para ser servido, sino para servir y que vino para dar su vida al rescatar a muchos. También dijo que Él era la Puerta del Cielo, y en Juan 14: 6, Amplió esa cita: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino es por mi “. Este hombre es exactamente quien dice ser. Él es el buen Pastor. Él es el pan de vida. Jesús es el camino, la verdad, y la vida misma. Eso quiere decir, que para que tengamos vida eterna, debemos recibir a Jesucristo como nuestro Salvador personal.

Lamentablemente muchos no lo creen. Pero solamente tenemos que mirar los milagros de Jesús como una prueba de que él tenía razón en lo que dijo que era. Jesús caminó sobre el agua, calmó una tormenta con una orden, levantó a los muertos, y se levantó de entre los muertos. Jesús, hizo afirmaciones extraordinarias y realizó hazañas extraordinarias. Por lo tanto, es lógico concluir que lo que Jesús decía era cierto.

¿Por qué nos acercamos a Dios a través de Jesús?

La razón principal por la que nos acercamos a Dios a través de Jesús es que Jehová otorgó a su Hijo un papel de suma importancia. El Padre lo convirtió en la figura central, el elemento clave en el desarrollo de todos sus propósitos. Para comprender la función tan importante que realiza, hemos de reflexionar sobre lo que ocurrió en el jardín del Edén, donde nuestros primeros padres se unieron a la rebelión de Satanás contra Jehová

Yo soy el camino, la verdad, y la vida

 

La rebelión del Edén planteó una cuestión de trascendencia universal: ¿gobierna Dios a sus criaturas de una manera justa y buena? Jehová decidió enviar a la tierra a un hijo espiritual perfecto. Este hijo realizaría una misión de máxima importancia: entregaría su vida para vindicar la soberanía de Jehová y servir de rescate para salvar a la humanidad. Al mantenerse fiel hasta la muerte, haría posible que se resolvieran todos los problemas creados por la rebelión de Satanás. Ahora bien, Jehová contaba con millones y millones de ángeles, todos ellos perfectos. ¿A cuál elegiría para realizar esta misión de tanta trascendencia? A su “Hijo unigénito”, quien llegó a ser conocido como Jesucristo (Juan 3:16).

¿Cómo demostró Jehová que confiaba en su Hijo, y en qué se basaba tal confianza?

¿Debería sorprendernos la elección de Jehová? ¡En lo más mínimo! El Padre tenía confianza absoluta en su Hijo unigénito. Siglos antes de enviarlo a la tierra, Jehová anunció que su Hijo se mantendría fiel en medio de sufrimientos de toda clase (Isaías 53:3-7). Pensemos en las implicaciones de esta profecía. Como todas las criaturas inteligentes, el Hijo estaba dotado de libre albedrío, es decir, de la capacidad de elegir lo que haría con su vida; aun así, Jehová confiaba tanto en él que profetizó que le sería leal. ¿En qué se basaba tal confianza? En el conocimiento, Jehová lo conoce a la perfección y sabe cuánto desea agradarle. Además, el Hijo ama al Padre, y Jehová siente lo mismo por él; ese amor mutuo forja entre ellos un vínculo inquebrantable de unión y confianza.

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En vista del papel tan importante que tiene el Hijo, así como de la confianza que su Padre ha depositado en él y del amor que los une a ambos, ¿debería extrañarnos que solo sea posible acercarse al Padre mediante Jesús? Sin embargo, hay otra razón por la que el Hijo es el único que puede conducirnos al Padre.

El Hijo es el único que conoce plenamente al Padre.

Para acercarnos a Jehová, tenemos que cumplir algunas condiciones. Y nadie conoce mejor que el Hijo las normas divinas que hay que cumplir para tener la aprobación de Dios.

Jesús dijo:(Mateo 11:27)“Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce plenamente al Hijo sino el Padre, ni conoce nadie plenamente al Padre sino el Hijo, y cualquiera a quien el Hijo quiera revelarlo”. Veamos por qué razón Jesús podía afirmar, con todo derecho y sin ninguna exageración, que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’.

Dado que el Hijo es “el primogénito de toda la creación”, conoce a Jehová más íntimamente que nadie. Imagínese la relación tan estrecha que se desarrolló entre ambos durante todo el tiempo que estuvieron solos, desde que Jesús la primera creación fue formado, hasta que se crearon otros espíritus.

Pensemos en la maravillosa oportunidad que tuvo el Hijo al estar junto a su Padre, aprendiendo lo que pensaba sobre las cosas, su voluntad, sus normas y su manera de actuar. Sin duda, no es una exageración afirmar que Jesús lo conoce mejor que nadie. Gracias a esta relación tan estrecha, Jesús pudo revelar de una manera única cómo era la personalidad de su Padre. Ninguna otra persona podría haberlo hecho así.

De qué maneras reveló Jesús a su Padre

Las enseñanzas de Jesús mostraron que conocía muy bien lo que Jehová piensa, lo que siente y lo que espera de quienes lo adoran. Además, reveló al Padre de otra manera muy profunda. Jesús dijo: (Juan 14:9)“El que me ha visto a mí ha visto al Padre también”. En efecto, él lo imitó a la perfección en todo lo que dijo e hizo. Así que cuando leemos en la biblia detalles sobre Jesús, como la fuerza y encanto que tenían sus palabras, la compasión que lo movía a curar a la gente y la empatía que lo llevaba a derramar lágrimas al ver el sufrimiento ajeno, podemos imaginarnos muy bien a Jehová haciendo lo mismo.

 Las palabras y acciones del Hijo revelaron a la perfección la forma de actuar y la voluntad del Padre. Por lo tanto, si queremos la aprobación de Jehová, tenemos que obedecer las enseñanzas de Jesús y seguir su ejemplo (Juan 14:23).

Jesús es el camino, la verdad, y la vida

En vista de que Jesús conoce tan profundamente a Jehová y lo imita a la perfección, no es de extrañar que Jehová decidiera utilizarlo como un medio para llegar a él. Puesto que ya hemos analizado las bases para entender por qué solo es posible llegar a Jehová mediante Jesús, examinemos ahora el significado de estas palabras de Cristo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Jesús es el camino, la verdad, y la vida

“Yo soy el camino”

Ya hemos mencionado que únicamente podemos acercarnos a Dios a través de Jesús. Analicemos ahora, con más detenimiento, qué significa este hecho para nosotros. Jesús es “el camino” en el sentido de que tan solo mediante él es posible llegar a disfrutar de la aprobación de Dios. ¿Por qué razón? Jesús se mantuvo fiel hasta la muerte, entregando así su vida como sacrificio. De no ser por el rescate, nunca podríamos acercarnos a Dios.

Yo soy el camino

El pecado crea una barrera entre Jehová y los seres humanos, ya que él es santo y no puede aprobar el pecado, pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera: proporcionó la expiación del pecado que se necesitaba. Cuando aceptamos la puerta que Dios ha dispuesto mediante Cristo y ciframos fe en él, obtenemos el favor de Jehová. No hay ninguna otra manera de llegar a estar “reconciliados con Dios” (Romanos 5:6-11).

 ¿En qué sentidos es Jesús “el camino”? Además, Jesús es “el camino” en otro sentido: en lo que tiene que ver con las oraciones. En efecto, solo mediante él podemos dirigir nuestras peticiones sinceras a Jehová con la seguridad de que las oirá favorablemente. El propio Jesús así lo indicó: “Si le piden alguna cosa al Padre, él se la dará en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24).

Es apropiado que, en el nombre de Jesús, oremos a Jehová y le llamemos “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Ahora bien, Jesús también es “el camino” en el sentido de que es nuestro ejemplo a seguir. Como ya hemos visto, él imitó a la perfección a su Padre. Por eso, su ejemplo nos muestra cómo tenemos que vivir a fin de agradar a Jehová. Así que para poder acercarnos a Jehová, tenemos que seguir las pisadas de Cristo.

“Yo soy la verdad”

Cuando declaraba la palabra profética de su Padre, Jesús fue siempre fiel a la verdad. En su boca nunca hubo engaño. Hasta sus enemigos reconocían que enseñaba “el camino de Dios de acuerdo con la verdad”. No obstante, la afirmación “Yo soy la verdad” no se refería tan solo al hecho de que Cristo daba a conocer la verdad al hablar, predicar y enseñar. Había mucho más implicado.

Recordemos que, siglos antes, Jehová había inspirado a los escritores de la Biblia para que incluyeran en ella multitud de profecías sobre el Mesías, o Cristo, en las que se aportaban muchos detalles sobre su vida, ministerio y muerte. Además, la Ley de Moisés contenía ‘sombras’, es decir, modelos proféticos en los que aparecía prefigurado el Mesías. ¿Cumpliría Jesús todas las profecías sobre él? Para ello tendría que ser fiel hasta la muerte. Solo de ese modo quedaría probado que Jehová es el Dios que pronuncia profecías auténticas.

¡Qué peso tan grande llevaba Jesús sobre sus hombros! Por su manera de vivir sí, por cada una de sus palabras y acciones, Jesús probó que eran totalmente ciertos aquellos modelos proféticos (2 Corintios 1:20). Por lo tanto, Jesús era “la verdad” en persona. Era como si mediante él se hubiera hecho realidad la palabra profética de Jehová (Juan 1:17).

“Yo soy la vida”

Jesús también es “la vida”, pues solo mediante él podemos recibir “la vida de verdad”. Las Escrituras señalan: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”. ¿Qué implica ejercer fe en el Hijo de Dios? En primer lugar, estar convencidos de que sin él no podemos obtener la vida. Y luego, demostrar la fe con obras, continuar aprendiendo de él y hacer todo lo posible por seguir su enseñanza y ejemplo. Por consiguiente, ejercer fe en el Hijo de Dios nos lleva a la vida eterna, en el cielo en el caso de los cristianos ungidos del “rebaño pequeño”, o en un paraíso terrestre, en el caso de la “gran muchedumbre” de “otras ovejas”.

¿En qué sentido será Jesús “la vida” incluso para los muertos?  ¿Qué certeza podemos tener?. Poco antes de levantar a su amigo Lázaro de la tumba, Jesús le dijo lo siguiente a Marta, la hermana del difunto: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir” . Jehová le ha confiado al Hijo “las llaves de la muerte y del Hades”, lo que le concede la facultad de resucitar a los muertos; utilizando estas llaves, Jesús glorificado abrirá las puertas del Hades y liberará a todos de la cautividad.

 “Jesús es el camino, la verdad, y la vida” Con esta declaración tan sencilla, resumió el propósito de su vida y ministerio en la tierra. Estas palabras tienen un gran significado para nosotros. Recordemos que él agregó: “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). En realidad, sus palabras son tan válidas hoy como cuando las pronunció. Por ello, podemos tener la certeza absoluta de que si seguimos a Jesús, nunca estaremos perdidos. Él, y solo él, nos mostrará el camino para llegar “al Padre”.

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Alexandra Bolivar
Seguidora de Jesús… Me encanta compartir todo lo que identifica a Dios como creador de los Cielos y la Tierra; y sobre todo lo que realmente edifique a las personas. Agradecida con él por permitirme hacer lo que me gusta escribir para Ustedes… “Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. Romanos 1:20”

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