Ana En La Biblia. Características, Oración Y Nacimiento De Su Hijo

Ana en la Biblia fue una mujer que se sometió a su esposo Elcana, a quien acompañaba a adorar a Dios en Silo, pero debía sufrir la burla que le hacía Penina, la otra esposa de Elcana, que la hacía llorar por no poder concebir hijo, mientras que esta si podía, situación que le afligía el alma, por sentirse deshonrosa.

Ana fue una mujer que en medio de su aflicción se acercó en oración a Dios, para que pudiera calmar esa aflicción y poder hacer el milagro de concebir, pues era estéril. Ella hizo un voto ante Dios y le pidió que si le permitía tener un hijo, ella se lo entregaría todos los días de su vida a su servicio, y Dios lo cumplió.

Índice

    Ana en la Biblia

    Ana en la Biblia

    El nombre de Ana proviene del hebreo hanah que significa "gracia", ella era una de las dos esposas de Elcana, y la preferida de su esposo pero Penina la otra esposa era su rival, y la afrentaba porque Ana era estéril. Aunque su esposo era un hombre levita seguía la tradición de la poligamia.

    Ana era la preferida de su esposo, con quien todos los años viajaba para adorar a Dios en el templo de Silo, donde adoraban y ofrecían sacrificios a Dios. Era evidente el amor que profesaba Elcana por Ana, situación que producía una fuerte rivalidad con Penina que veía con malos ojos esos beneficios que tenía Ana.

    Es por ello, que Penina se burlaba de Ana y le afligía el alma porque era estéril, mientras que ella si podía darle prole a Elcana, situación que Ana le agobiaba, pero ella con sabiduría buscaba el refugio de Dios a quien se acercaba en oración constante, con un corazón sincero.

    Características de Ana

    En todo esto que le tocó vivir a Ana ella actuaba de la forma correcta, destacándose las siguientes características:

    • Ana tenía un verdadero amor hacia su esposo, ella amaba a Elcana y se esmeraba en honrarlo en medio de sus dificultades con su rival Penina. Ella buscaba honrarlo en todo, pues no mostraba delante de él la situación adversa que tenía en su hogar y se mantenía ecuánime para mantener armonía en su hogar.
    • Tenía absoluta confianza en Dios, ya que en medio de su situación de esterilidad ella elevaba oración al Padre Celestial, quién era su absoluto refugio.
    • Ana era dedicada en su hogar por lo que cada día buscaba el bienestar de su matrimonio y su entorno, eso sucede aún más cuando Dios le concedió su hijo a quien crió para su servicio.
    • Era una mujer entendida en lo espiritual, ya que mostraba un amor genuino a Dios con el que se comunicaba todo el tiempo, y tenía una actitud de piedad y mansedumbre mostrándose firme en las virtudes de la adoración a Dios
    • Ana tenía dominio propio, ya que podía actuar de la forma correcta ante las humillaciones y burlas que profería Penina en contra de ella.
    • Ana poseía una auténtica fe, pues estaba convencida que Dios la escuchaba y no cesaba de orar pidiendo el milagro de un hijo.
    • Ana era paciente, pues tuvo mucho tiempo perseverando en oración para esperar el milagro de su gestación.

    La Oración de Ana que produjo el Milagro

    Ana en la Biblia

    Ana todos los años viajaba a Silo con Elcana a adorar y ofrecer sacrificios a Dios en el templo, en uno de esos viajes Ana oró a Dios en gran angustia, pues se negaba tener una vida sin hijos, por lo que procedió a orar con gemidos delante de la presencia de Dios, con una fe inquebrantable, mostrando a Dios el anhelo de su corazón.

    «Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza» (1ra. Samuel 1:10-11)

    En esta oración hecha por Ana resalta las condiciones con las que la hizo, pues se dirigió a Dios de una forma muy respetuosa, con mucha fe, confiando en el poder que Él tenía, teniendo además una actitud de humildad sobre el Todopoderoso. Ana le ofrecía su hijo que aún no tenía para el servicio especial del Señor.

    Durante ese momento de oración la observaba Elí, el sacerdote del Tabernáculo, él supuso a verla llorar y estar tan quebrantada, pensó que Ana estaba borracha y la reprendió para que dejara de beber, por lo que ella de una forma respetuosa le negó esa suposición.

    «Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.

    Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora» (1ra. Samuel 1:13-16)

    De ese modo el sacerdote Elí comprendió que ella le había hecho una petición a Dios de una forma genuina, por lo que él le dio su bendición.

    «Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1ra. Samuel 1:17-18)

    Ana tenía mucho respeto a todo lo que era relacionado con la obra de Dios, mostrando un respeto además por el siervo de Dios, Elí de quien aceptó su bendición, para seguir el camino confiada en que de la forma en que el sacerdote le había dicho así lo viviría, ella tuvo mucha fe.

    El nacimiento de Samuel el hijo de Ana

    Ana en la Biblia

    La oración hecha por Ana produjo el efecto anhelado en la vida de esta mujer, ya que Dios vio su fe y le permitió concebir un hijo, quien fue entregado para el servicio del templo de Dios, y se convirtió en el primer Profeta de Dios, llamado Samuel.

    “Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová. (1ra Samuel 1:20)

    Al nacer el hijo Ana mantuvo su palabra conforme al pacto que había hecho, por lo que ella espero el tiempo estipulado para destetarlo y en su tiempo se lo presentó al sacerdote Elí.

    «Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.

    Y ella dijo: !! Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová” (1ra. Samuel 1:24-28)

    Sin duda, este fue el mayor sacrificio que tuvo que hacer Ana, al cumplir la promesa hecha a Dios, entregarle a su hijo y hacerlo de una forma firme y con acción de gracia delante de Dios. Por lo que al pasar el tiempo su hijo Samuel continuó ministrando a Dios delante del sacerdote Elí.

    De este modo, Ana cada año que iba al templo en Silo le llevaba a Samuel una túnica. Esto era una muestra que demostraba su fiel amor por su hijo, por lo que el sacerdote Elí veía con buenos ojos ese gesto de esta madre, por lo que le declaró una bendición a su vida.

    «Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová” (1ra. Samuel 2:20)

     

    Esto demuestra que Dios no solo respondió a esa primera oración sino que produjo la multiplicación de esa bendición, trayendo consigo nuevos hijos al vientre de Ana, quien ya no sería esa mujer estéril, sino en una madre de muchos más.

    De esta manera, esta Ana es un ejemplo para todas las mujeres que elevan oraciones ante el altar de Dios y hacerlo de una forma genuina, con un corazón quebrantado, como lo hizo esta mujer que mostró su absoluta dependencia a Dios, para poder ver en su regazo su anhelo cumplido.

    Se puede ver que la vida de Ana enseña que Dios si escucha y responde las oraciones de aquellos que acuden a Él con esa fe absoluta, y que a pesar de las dificultades que puedan enfrentar en el mundo que los rodea, Dios siempre estará para ayudarlos, ya que la oración cambia el rumbo de las cosas cuando se tiene una fe auténtica como la de Ana.

    “No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro” (1ra. Samuel 2:2)

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